Categories: Eventos ECO

La expansión de la inteligencia artificial incrementa la demanda de capacidad de procesamiento, energía y refrigeración. En este escenario, Chile tiene la oportunidad de fortalecer su posición como polo regional de infraestructura digital, siempre que combine energías renovables, eficiencia tecnológica y una planificación responsable del uso de los recursos.

El crecimiento de la inteligencia artificial no depende solamente de nuevos modelos y aplicaciones. También requiere una infraestructura capaz de procesar y almacenar volúmenes cada vez mayores de información.

Esta expansión plantea un desafío ambiental y operativo: cómo aumentar la capacidad tecnológica sin perder de vista el consumo eléctrico, el uso de agua, la huella de carbono y el impacto de los centros de datos en los territorios donde se instalan.

La Agencia Internacional de Energía proyecta que la generación eléctrica destinada a abastecer centros de datos crecerá desde aproximadamente 460 TWh en 2024 hasta más de 1.000 TWh en 2030. Aunque las energías renovables cubrirían una parte importante de ese aumento, el organismo advierte que los combustibles fósiles también continuarían participando del suministro durante esta década.

La oportunidad de Chile

En este escenario, Chile cuenta con condiciones que pueden favorecer su posicionamiento como polo regional de infraestructura tecnológica.

El país posee un alto potencial de generación renovable, una infraestructura digital en expansión y una estrategia pública orientada al desarrollo de centros de datos. Su Plan Nacional de Data Centers busca promover una industria descentralizada, sostenida por energías renovables y basada en estándares de eficiencia operativa y responsabilidad socioambiental.

El plan también contempla criterios de evaluación ambiental, reducción del consumo de agua en los sistemas de refrigeración y metas vinculadas con eficiencia energética y disminución de emisiones.

Estas condiciones representan una oportunidad, pero no una ventaja automática. El crecimiento de la infraestructura digital deberá estar acompañado por inversiones en transmisión y almacenamiento energético, tecnologías de refrigeración más eficientes, disponibilidad hídrica, planificación territorial y mecanismos transparentes de medición.

Diseñar una IA más eficiente

La discusión ambiental no se limita a la fuente de energía utilizada. También incluye cómo se diseñan, entrenan, implementan y operan los sistemas de inteligencia artificial.

La elección de modelos adecuados para cada caso de uso, la optimización del procesamiento, la reutilización de infraestructura y el monitoreo del consumo pueden contribuir a reducir el impacto de las soluciones tecnológicas.

En este marco, Rodrigo Cabot, gerente de Desarrollo de Negocios, Alianzas y Estrategia Tecnológica de Ecosistemas Global, aportó a la cobertura de El Mercurio una mirada centrada en la relación entre innovación, eficiencia y planificación.

“El crecimiento de la inteligencia artificial debe estar acompañado por una visión integral de la infraestructura que la sostiene. No se trata solamente de incorporar más capacidad de cómputo, sino de diseñar arquitecturas eficientes, medir el uso de los recursos y vincular cada inversión tecnológica con un resultado concreto para el negocio y el entorno”, señaló Cabot.

Innovación responsable y competitividad

La sostenibilidad de la inteligencia artificial comienza a convertirse en una variable de competitividad.

Para las empresas, optimizar el consumo energético puede reducir costos operativos y mejorar la escalabilidad de sus soluciones. Para los países, desarrollar infraestructura digital responsable puede atraer inversión, generar capacidades especializadas y fortalecer su participación en la economía tecnológica regional.

La oportunidad de Chile estará en lograr que el crecimiento de los centros de datos y de los servicios asociados a la IA avance de manera coordinada con su estrategia energética, ambiental y territorial.

Desde esta perspectiva, el desafío no consiste en frenar la innovación, sino en crear las condiciones para que pueda desarrollarse con eficiencia, trazabilidad y una utilización responsable de los recursos.

Leé en El Mercurio el análisis completo sobre el impacto ambiental de la inteligencia artificial y la oportunidad que este escenario representa para Chile.

Share

Categories: Eventos ECO

La expansión de la inteligencia artificial incrementa la demanda de capacidad de procesamiento, energía y refrigeración. En este escenario, Chile tiene la oportunidad de fortalecer su posición como polo regional de infraestructura digital, siempre que combine energías renovables, eficiencia tecnológica y una planificación responsable del uso de los recursos.

El crecimiento de la inteligencia artificial no depende solamente de nuevos modelos y aplicaciones. También requiere una infraestructura capaz de procesar y almacenar volúmenes cada vez mayores de información.

Esta expansión plantea un desafío ambiental y operativo: cómo aumentar la capacidad tecnológica sin perder de vista el consumo eléctrico, el uso de agua, la huella de carbono y el impacto de los centros de datos en los territorios donde se instalan.

La Agencia Internacional de Energía proyecta que la generación eléctrica destinada a abastecer centros de datos crecerá desde aproximadamente 460 TWh en 2024 hasta más de 1.000 TWh en 2030. Aunque las energías renovables cubrirían una parte importante de ese aumento, el organismo advierte que los combustibles fósiles también continuarían participando del suministro durante esta década.

La oportunidad de Chile

En este escenario, Chile cuenta con condiciones que pueden favorecer su posicionamiento como polo regional de infraestructura tecnológica.

El país posee un alto potencial de generación renovable, una infraestructura digital en expansión y una estrategia pública orientada al desarrollo de centros de datos. Su Plan Nacional de Data Centers busca promover una industria descentralizada, sostenida por energías renovables y basada en estándares de eficiencia operativa y responsabilidad socioambiental.

El plan también contempla criterios de evaluación ambiental, reducción del consumo de agua en los sistemas de refrigeración y metas vinculadas con eficiencia energética y disminución de emisiones.

Estas condiciones representan una oportunidad, pero no una ventaja automática. El crecimiento de la infraestructura digital deberá estar acompañado por inversiones en transmisión y almacenamiento energético, tecnologías de refrigeración más eficientes, disponibilidad hídrica, planificación territorial y mecanismos transparentes de medición.

Diseñar una IA más eficiente

La discusión ambiental no se limita a la fuente de energía utilizada. También incluye cómo se diseñan, entrenan, implementan y operan los sistemas de inteligencia artificial.

La elección de modelos adecuados para cada caso de uso, la optimización del procesamiento, la reutilización de infraestructura y el monitoreo del consumo pueden contribuir a reducir el impacto de las soluciones tecnológicas.

En este marco, Rodrigo Cabot, gerente de Desarrollo de Negocios, Alianzas y Estrategia Tecnológica de Ecosistemas Global, aportó a la cobertura de El Mercurio una mirada centrada en la relación entre innovación, eficiencia y planificación.

“El crecimiento de la inteligencia artificial debe estar acompañado por una visión integral de la infraestructura que la sostiene. No se trata solamente de incorporar más capacidad de cómputo, sino de diseñar arquitecturas eficientes, medir el uso de los recursos y vincular cada inversión tecnológica con un resultado concreto para el negocio y el entorno”, señaló Cabot.

Innovación responsable y competitividad

La sostenibilidad de la inteligencia artificial comienza a convertirse en una variable de competitividad.

Para las empresas, optimizar el consumo energético puede reducir costos operativos y mejorar la escalabilidad de sus soluciones. Para los países, desarrollar infraestructura digital responsable puede atraer inversión, generar capacidades especializadas y fortalecer su participación en la economía tecnológica regional.

La oportunidad de Chile estará en lograr que el crecimiento de los centros de datos y de los servicios asociados a la IA avance de manera coordinada con su estrategia energética, ambiental y territorial.

Desde esta perspectiva, el desafío no consiste en frenar la innovación, sino en crear las condiciones para que pueda desarrollarse con eficiencia, trazabilidad y una utilización responsable de los recursos.

Leé en El Mercurio el análisis completo sobre el impacto ambiental de la inteligencia artificial y la oportunidad que este escenario representa para Chile.

Share